Érase una vez una diseñadora nacida en la Gran Tenochtitlán que se cansó de hacer ideas para los demás.
Era 2008. Crisis mundial, poco dinero, miedo de sobra. Pero Lu Gómez tenía una convicción más grande que el miedo: que el mejor remedio que existe para las penas es la risa. Con eso —y con harta buena vibra— nació Remedios Mágicos.
Antes de fundar Remedios Mágicos, Lu ya llevaba años haciendo ideas para marcas grandes: Audi, Telmex, SEAT. Diseñaba en México y en despachos de Barcelona, y en uno de esos viajes entró a un museo europeo y se topó con algo que se le quedó atorado: vitrinas enteras de diseño contemporáneo, presumiendo sin pena la creatividad de todo un país.
Volvió a México buscando lo mismo y solo encontró artesanía —hermosa, sí, pero muda sobre lo que somos hoy. Ahí entendió el hueco que quería llenar: objetos con el ingenio, la jiribilla y la sabiduría popular mexicana, que también merecieran su lugar en la vitrina.
A Lu siempre le enseñaron que cultura es algo elevado, solemne, para cierto tipo de gente. Ella nunca lo creyó. Cultura es lo que vivimos todos, todos los días —en un dicho, en un regaño con cariño, en la forma en que un mexicano dice las cosas sin decirlas del todo.
México es un país de fiesta y color, mágico-chamánico por naturaleza, donde lo sagrado y lo cotidiano caben en la misma carcajada. Hasta Dalí lo dijo mejor de lo que él hubiera querido: “No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas.”
Por eso cada remedio —una lata, un oráculo, un juego— existe para lo mismo: acompañarte a reconectar con tu risa, tu intuición y tu identidad, y recordarte que la magia que buscas afuera, siempre la trajiste dentro.
Reír es magia. La risa es una chispa divina capaz de hacer que surja lo inesperado.
No lo decimos nosotros solos — nos lo han reconocido:
Y más de una década compartiendo lo aprendido: talleres de creatividad y empoderamiento, conferencias de emprendimiento y clases universitarias en México y en Barcelona — desde el Tec de Monterrey hasta la Secretaría de Cultura de Querétaro.
Creemos que las industrias creativas no solo mueven la economía: también moldean cómo una sociedad se entiende y se quiere a sí misma. Por eso parte de lo que hacemos regresa — con la Lotería de Valores Mexicanos, cada compra suma para donar a orfanatos, llevando risas, valores y momentos mágicos a la niñez que más lo necesita.
Lu Gómez
Alquimista en Jefe
Que el poder de la risa te acompañe… y te impulse.